La IA en UFLO Universidad: el desafío de formar profesionales que piensen, comprendan, haciendo y siendo gestores de las tecnologías

La irrupción de la inteligencia artificial ya transformó las aulas, los procesos administrativos y la manera en que estudiantes y docentes se vinculan con el conocimiento. Pero el verdadero debate, aseguran desde UFLO Universidad, no pasa por la tecnología en sí misma, sino por cómo las instituciones educativas deciden incorporar sin perder el foco humano. […]


La irrupción de la inteligencia artificial ya transformó las aulas, los procesos administrativos y la manera en que estudiantes y docentes se vinculan con el conocimiento. Pero el verdadero debate, aseguran desde UFLO Universidad, no pasa por la tecnología en sí misma, sino por cómo las instituciones educativas deciden incorporar sin perder el foco humano.

Ese fue el eje de la charla “Tiempos de IA: cómo pensar la mejora de procesos en organizaciones educativas”, brindada por Francisco Tassara, director de Gestión por Procesos y Datos en UFLO, y Micaela De Vega, secretaria académica de la sede Patagonia, en el marco del IA Week Neuquén 2026.

“La herramienta no es el problema. El problema es qué objetivos queremos alcanzar con ella”, sintetizó De Vega durante la exposición. Y agregó: “La educación debe fomentar la creatividad, debe fomentar la capacidad artesanal de hacer con algo y transformarlo en algo distinto”.

Durante la charla, ambos referentes plantearon que la incorporación de inteligencia artificial en el sistema educativo obliga a revisar no solo procesos y metodologías, sino también el sentido mismo de la formación universitaria.

Una herramienta no cambia una forma de pensar

“Muchas veces nos enamoramos de las herramientas y decimos: ‘mirá todo lo que hace’. Pero no hay una construcción de conocimiento detrás”, advirtió Tassara. “El desafío es entender cómo funciona, de dónde sale ese dato, qué tiempo nos ahorra y qué hacemos nosotros con ese tiempo recuperado”.

En ese sentido, explicó que la automatización no necesariamente elimina tareas, sino que genera nuevas capacidades y roles. Como ejemplo, mencionó informes recientes sobre empresas tecnológicas que detectaron que gran parte de sus equipos comenzaron a dedicar tiempo a interpretar, validar y mejorar los resultados producidos por IA.

“Si no nos formamos y no entendemos cómo funcionan estas herramientas, podemos terminar creando generaciones que solo supervisen una IA sin comprender realmente qué está haciendo”, señaló.

Uno de los puntos centrales de la charla estuvo vinculado al impacto de estas tecnologías en las profesiones y en los diseños curriculares. Frente a preguntas cada vez más frecuentes sobre el futuro laboral y la posible desaparición de ciertas carreras, desde UFLO Universidad remarcaron la necesidad de pensar la IA como complemento y no como reemplazo.

“Estamos buscando cómo potenciar las profesiones con estas herramientas y no sustituir aquellos procesos que consideramos fundamentales”, sostuvo De Vega. “La pregunta es cómo aprovechar estas posibilidades para mejorar la experiencia humana y no para empobrecerla”.

Desafíos del acceso a la IA en la Universidad

En paralelo, ambos referentes destacaron que las universidades también enfrentan nuevos desafíos éticos, pedagógicos y de acceso. Entre ellos, la aparición de una nueva brecha digital vinculada al acceso desigual a herramientas de inteligencia artificial más avanzadas o con mejores sistemas de curaduría.

“La UNESCO ya plantea que existe una nueva brecha digital”, explicó De Vega. “Antes discutíamos el acceso a internet. Hoy la diferencia también está en quién puede acceder a herramientas más potentes y quién no”.

La charla también abordó experiencias concretas que UFLO ya implementa en distintos procesos institucionales. Tassara detalló que uno de los primeros usos de IA dentro de la universidad fue la atención automatizada a estudiantes interesados en carreras y procesos de inscripción.

¿Humanos vs IA?

Sin embargo, aclaró que el criterio siempre fue mantener la presencia humana cerca de cada interacción. “Siempre tiene que haber una dimensión humana presente”, afirmó. 

“Hay estudiantes que avanzan de manera completamente autónoma con un bot y otros que necesitan acompañamiento más cercano. El desafío es entender esas experiencias y mejorar la calidad del vínculo”.

En esa línea, De Vega remarcó que, incluso en contextos de automatización creciente, las personas siguen necesitando espacios de escucha, intercambio y acompañamiento.

“La IA es mucho más complaciente que un ser humano. Por eso también tenemos que recuperar espacios donde las personas puedan hablar, preguntar y sentirse acompañadas”, señaló.

Sobre el cierre, ambos coincidieron en que el principal reto para las organizaciones educativas no es resistirse a la inteligencia artificial, sino construir una integración crítica, ética y humanista.

“No queremos ser meros observadores de lo que está pasando”, concluyó De Vega. “Queremos involucrarnos, mejorar procesos, pero volver siempre a la pregunta central: para qué hacemos lo que hacemos. En la universidad tenemos un objetivo fundamental: formar personas y colaborar en sus proyectos de vida”.